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La " teta asustada " y Magaly Solier

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En la historia del cine peruano y latinoamericano, por encima de las opiniones encontradas,  La teta asustada ya ocupa un lugar de privilegio.  Ha despertado la sorpresa o al menos la curiosidad de quienes hacen cine en otros continentes. En esta evidencia, el reconocimiento para Claudia Llosa cae por su propio peso. Y también para la protagonista Magaly Solier, que ha dado lucimiento actual y fidedigno al espíritu quechua como elemento superviviente en la sociedad peruana.

No debe quedar al margen ninguno de los personajes del poblado de Manchay, pues abrieron el camino para que Claudia Llosa encontrara un rico filón de nuevas sugestiones,  creemos que más allá de la inicial percepción que suelen tener quienes conocen de fuera - a veces limitadamente- el mundo andino, su filosofía y los códigos de belleza, junto a los modos de entender el miedo de vivir entre dos fuegos hace cientos de años. ¿Puede una joven directora  de cine ser capaz de asimilar para el arte todo un mundo cubierto por los prejuicios, la marginación y el desprecio? La sensibilidad de Claudia Llosa hasta el momento contribuye a encontrar nuevas posibilidades en la suma de lo judeo cristiano occidental con el universo andino.

 La teta asustada es, en consecuencia, la versión cinematográfica de un sustrato cultural muy antiguo en los Andes, que encuentra su agudización en la violencia desatada a fines del siglo XX y en las inevitables migraciones de grupos humanos para buscar un lugar donde reiniciar la lucha por su civilización y su cultura, a esta altura de las tragedias sociales.

El arte, en cualquier caso, no escapa a sus bases en un mundo real, existente, casi siempre como resultado de creaciones anteriores, en la trayectoria de la herencia cultural. El mayor o menor desarrollo de lo imaginario, sobre esa base de realidad, marca las diferencias entre las innumerables tendencias de la plástica, del cine o de la literatura, aquí y en los otros continentes.

Un importante hallazgo de la directora, alrededor del terrorismo y sus secuelas, alrededor de la magnífica simbolización que alcanza la actuación de la Solier en defensa de la vida y del hecho de ser mujer ,   es mostrar la supervivencia de valores ancestrales, pugnando por integrarse con los que son de factura occidental, camino en el cual hay laberintos espirituales y físicos. En este camino, surgen conductas ingenuas de los migrantes, lo que en la elección de la vestimenta, de los utensilios, de la música y otros elementos, lleva a lo que estéticamente algunos críticos llaman el mal gusto. Es evidente, que se trata de grupos humanos no plenamente integrados al conjunto de un país, como efecto de  una fractura de siglos que resulta difícil de ser resuelto. 

 La concepción y realización del film, en contenido y lenguaje ,  resultan de buen nivel, como lo confirman las sucesivas confrontaciones y premios obtenidos, relegando a puestos inferiores la producción de otros directores y países.  Los premios anteriores otorgados a La teta asustada  se verán  consolidados con  los que vienen, sin excluir de esta sucesión  los máximos lauros exist - entes para el séptimo arte. Estamos, sin alguna duda, frente a una película de las más importantes del Perú en lo que va de este milenio. Y a nuestro parecer,  entre los filmes en lengua extranjera (quechua-castellano) que tientan el Oscar de este año, es la que desarrolla una temática de  trascendencia en cuanto a participación colectiva se refiere.No se trata de un incidente hecho película. Todo lo opuesto. Es la puerta de entrada a múltiples escenarios y colectividades de aquí y de allá, en el mundo contemporáneo.

 El problema que sí debemos  señalar está en las limitaciones más allá de los encuadres; en el proceso de edición faltan la fluidez o sorpresa formidables que admiramos en los grandes directores contemporáneos del cine, en Buñuel o  Antonioni, en Godard o Polanski, hasta los que van en disputa constante con la creatividad temática y formal de nuestros días. El ritmo, en sonido e imagen, aún no nos compromete  satisfactoriamente. Tenemos fe en lo que viene...

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